¿Porqué GRATIS es el futuro de los negocios?

Condominio, Comunidad de Propietarios, Condo

Este verano pude leer este libro de Chris Anderson titulado GRATIS «El futuro de un precio radical». Como dice en la contraportada «El futuro está en el negocio de lo gratuito. Una tendencia radical, que requiere un absoluto cambio de mentalidad: regalando es posible hacer dinero. Google, Facebook o Wikipedia ofrecen excelentes ejemplos. El entorno virtual, donde los costes tienden invevitablemente a cero, marca esta nueva evolución del mercado. En cuanto un producto, bien o servicio pasan a ser software se vuelve gratuito. Por el contrario, en el entorno virtual poner precio se paga caro: si cobras, pasas a un segundo plano.»

Bastante sensacionalista esta reseña, aunque cumple su función de llamar la atención a los posibles lectores para que compren y lean el libro. Como podemos ver luego cuando lo leemos, AL FINAL ALGUIEN PAGA, nadie da nada por nada, en la mayoría de los casos, se trata de subsidios cruzados, aunque como dice el libro, el gratis del siglo XXI es DISTINTO del que conocemos en el siglo XX. Así habla de varios modelos de lo gratis, como el Freemium (muy adecuado para el software) que consiste en dar unos servicios gratuitos de manera que otros pagan por un servicio premium con más prestaciones.

Así en nuestro sector, existe el asesoramiento jurídico gratuito. Bien por que el Administrador tenga dentro de su plantilla algún abogado o el mismo Administrador lo sea, que ofrezce dicho servicio de forma gratuita, a cambio de llevar luego todas las reclamaciones judiciales y es en estos casos, cuando los juicios se ganan con costas, cuando el abogado cobra por sus servicios.

El pasado 7 de noviembre pude asistir a la exposición sobre el contenido de este libro que realizó Delia Pascual en el Monday Reading Club de Sevilla. Acompaño video de dicha exposición y posterior debate. Me gustó el resumen y la interpretación que hizo Delia del mismo. En el fondo parece algo muy común en nuestros días. Quizás lo difícil sea descubrir la próxima vuelta de tuerca, el próximo negocio que hará rentable para el empresario la prestación de un servicio gratuito.

Análisis sobre el libro GRATIS de Chris Anderson from Elementos Comunes on Vimeo.

Me viene a la mente el experimento del chocolate que Eduardo Punset en su programa Redes desarrolló mientras entrevistaba a Dan Ariely autor del libro «Las trampas del deseo«. Aunque recomiendo leer el libro, que es lo que estoy haciendo en este momento, aquí tenéis un resumen autorizado del mismo.

Somos predecibles irracionales experimento del chocolate from Elementos Comunes on Vimeo.

A continuación, transcribo la traducción al castellano del artículo publicado en la revista americana Wired que resultó ser el germen que posteriormente dio lugar al libro que estamos comentando.

A la edad de 40 años, King Gillete era un inventor frustrado, un poco anti-capitalista y un vendedor de tapones de corcho. Corría el año 1895, y a pesar de sus ideas, energía y unos padres saludables, tenía poco que mostrar sobre su trabajo. Culpaba de ello a los demonios del mercado que regían la competencia. Por cierto, el año anterior había publicado un libro, The Human Drift, el cual argumentaba que todas las industrias debían ser controladas por una sólo empresa y que esta fuera pública, y que todos los millones de estadounidenses debían vivir en una gigantesca ciudad llamada Metrópolis, cuya energía fuera suministrada por las cataratas del Niágara. Su jefe de la empresa de tapones de corcho, mientras tanto, le había dado un único consejo: inventa algo que la gente utilice y sea de usar y tirar.

Un día, mientras se estaba afeitando con una navaja que estaba tan usada que era imposible afilarla más, le llegó la idea. ¿Qué pasaría si la cuchilla pudiera ser hecha con un fino trozo de metal? En lugar de gastar tiempo manteniendo la cuchilla, los hombres podrían tirarla simplemente cuando estuviera desafilada. Unos años de experimentación metalúrgica después, la maquinilla de afeitar con cuchilla desechable había nacido. Pero no fue un éxito inmediato. En el primer año de ventas, 1903, Gillete vendió un total de 51 maquinillas y 168 cuchillas. Durante las siguientes 2 décadas, provó cualquier idea de marketing que se le ocurría. Puso su propia cara en los paquetes, consiguiendo 2 cosas, hacerlo legendario y lo que mucha gente pensabe, que era un personaje de ficción. Vendió millones de maquinillas al ejército a bajo precio, con la esperanza de que cuando los hombre volvieran del frente, continuaran con el hábito de usarlas. Vendió maquinillas en grandes cantidades a los bancos, de manera que estos pudieran darlas a sus clientes cuando hicieran nuevos depósitos. Las maquinillas eran atadas a cualquier producto, desde chicles hasta paquetes de café, te, especias, bombones. Los regalos de promoción ayudaron a vender los productos, pero aquella táctica ayudaba incluso más a Gillete. Dando gratis las maquinillas, que por si mismas no servían, estaba creando una demanda para sus cuchillas desechables. Unos miles de millones de cuchillas más tarde, dicho modelo de negocio es ahora el fundador de una industria entera: regala el móvil, vende los contratos mensuales; haz la video-consola barata y vende juegos caros; instala gratis excelentes máquinas de hacer café en las oficinas y vende caro el café.

Gracias a Gillette, la idea de que se puede hacer dinero regalando algo ya no resulta radical. Pero hasta recientemente, prácticamente todo «gratis» fue realmente solo el resultado de lo que los economistas llaman subsidio cruzado: tienes algo gratis si compras otra, o consigues un producto gratis solo si pagas por el servicio.

Durante la pasada década, sin embargo, han surgido diferentes clases sin costo. El nuevo modelo no está basado en los subsidios cruzados – el cambio de los costos de un producto a otro –sino en el hecho de que los costos de los productos por si mismos están cayendo rápidamente. Es como si el precio del acero habría caído a cero para que el Rey Gillette pudiera regalar tanto la rasuradora como la cuchilla y pudiera hacer su dinero con algo más (¿Cema de afeitar?)

Usted sabe que no hay mayor territorio para las cosas gratis que Internet. Después de una década y media del gran experimento en línea, los últimos debates sobre el pago o no de los servicios en línea está terminando. En el 2007 The New York Times se fue gratis; este año, lo será The Wall Street Journal. (Las partes restantes basadas en pagos, anunció el nuevo dueño Rupert Murdoch, serán «muy especiales … y, siento en decirlo, probablemente más caras.» Esto trae a mi mente una de las versiones del aforismo de Stewart Brand de 1984: «La información quiere ser gratuita. La información también quiere ser cara … Esa tensión no irá muy lejos.»)

Una vez un truco de mercadeo, la gratuidad ha surgido como toda una economía. La oferta de música gratis resultó un éxito para RadioHead, Trent Reznor of Nine Inch Nails y un enjambre de otras bands en MySpace que agarraron los méritos de la construcción de audiencia desde cero. El rápido crecimiento de las partes de la industria del juego están soportadas publicitariamente en juegos casuales y pruebas gratis y masivas de sus juegos en línea. Virtualmente todo lo que hace Google es gratis para sus clientes, desde el Gmail a PIcasa a GOOG-411.

El crecimiento de las «economías de gratuidad» está conducido por las tecnologías esenciales que sostienen el Internet. Como dicta la ley de Moore, una unidad de procesamiento de potencia reduce su precio a la mitad cada 18 meses, el precio del ancho de banda y del almacenamiento se está reduciendo aún más rápido. Lo que implica que la línea de la tendencia que determina el costo de realizar negocios en línea va al mismo punto: a cero.


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Pero explique eso al pobre presidente ejecutivo que acaba de desembolsar seis dígitos para comprar otra torre de servidores. La tecnología no parece ser gratuita cuando está comprándola en grande. Pero si mira desde el otro lado, la economía cambia. El banco caro de discos duros (costos fijos) puede servir a miles de usuarios (costos marginales). Internet es cuestión de escala, de buscar maneras de atraer a la mayoría de usuarios para recursos centralizados, distribuyendo esos costos sobre grandes e inmensas audiencias como la tecnología sea más y más capaz. No se trata del costo del equipo en las torres de los centros de datos; es sobre que puede hacer ese equipo. Y cada año, como una suerte de reloj de trabajo mágico, se hace más y más con menos y menos, trayendo los costos marginales de tecnología en las unidades que consumimos de manera individual cerca de cero.

Mientras más nos quejamos sobre lo caro que están las cosas, estamos rodeados por fuerzas que las hacen más baratas. Hace cuarenta años, el principal problema nutricional en América era el hambre; ahora es la obesidad, por la cual tenemos que agradece a la Revolución Verde. Hace cuarenta años, la caridad estaba dominada por la entrega de ropa a los pobres. Ahora puede encontrar una camiseta por menos del precio de una taza de café, gracias a China y la globalización. Así también para los juguetes, dispositivos electrónicos y mercancías de toda clase. Incluso la cocaína nunca ha sido tan barata (la globalización trabaja de formas misteriosas).

La tecnología digital se beneficia de esta dinámica y de inclusive algo más poderoso: el cambio del siglo 20 de las máquinas newtonianas a las máquinas cuánticas. Recién estamos empezando a explotar los efectos de la escala atómica en materiales nuevos revolucionarios – semiconductores (procesamiento de potencia), componentes ferromagnéticos (almacenamiento) y fibra óptica (ancho de banda). En el arco de la historia, estas tres substancias son todavía nuevas, y tenemos mucho que aprender sobre ellas. Estamos apenas unas pocas décadas en el proceso de descubrimiento de un nuevo mundo.

¿Qué es lo que esto significa para el concepto de gratuidad? Bien, solo tomemos un ejemplo. El año pasado, Yahoo anunció que el Yahoo Mail, su servicio gratuito de webmail, entregaría almacenamiento ilimitado. Solo en caso de que no haya quedado claro, ese ‘ilimitado’ es como ‘infinito’. Así el precio de mercado del almacenamiento en línea, al menos para el e-mail, cayó a cero. Y lo impresionante es que nadie se sorprendió; muchos habían asumido que el almacenamiento infinito gratuito ya existía.

Por una buena razón: ahora queda claro que prácticamente todo en la tecnología de Internet tiende a ser gratis. El almacenamiento ahora se une al ancho de banda (YouTube: gratis) y procesamiento de potencia (Google: gratis) en la carrera hacia el fondo. La economía básica nos dice que en un mercado competitivo, los precios caen al costo marginal. Nunca ha existido un mercado más competitivo que Internet, y cada día los costos marginales de la información digital van cerca de nada.

Una de las viejas bromas de los finales de los 90 era que solo existen dos números en Internet: infinito y cero. El primero, al menos es aplicado a las valoraciones del mercado, probadas como falsas. Pero el segundo está vivo y en buen estado. La Red se ha convertido en la tierra de la gratuidad.

El resultado es que ahora no solo tenemos una sino dos tendencias sobre el manejo de los modelos de negocios gratuitos. La primera es la extensión del subsidio cruzado de Gillette a más y más industrias. La tecnología está dando a las compañías gran flexibilidad en cuan ampliamente pueden definir sus mercados, permitiéndoles más libertad para dar productos o servicios a un grupo de consumidores mientras se lo vende a otro. Ryanair, por ejemplo, ha desbaratado su industria al definirse a si mismo como una agencia de negocios de viajes con servicio completo en lugar de una vendedora de boletos de avión.

La segunda tendencia es simplemente que cualquier cosa que toque las redes digitales rápidamente sentirá el efecto de la caída de costos. No hay nada nuevo sobre la fuerza deflacionaria de la tecnología, pero lo que si es nuevo es la velocidad a la cual las industrias de todas clases se están volviendo negocios digitales y así capaces de explotar esas economías.

Cuando Google transformó la publicidad en una aplicación de software, un clásico negocio de servicios basado en la economía humana (las cosas son más caras cada año) se cambió a una economía de software (las cosas se vuelven baratas). Así, también, para cosas desde la banca hasta el juego. El momento en que los gastos primarios de una compañía se vuelven cosas basadas en sílice, la gratuidad no es solo una opción sino un destino inevitable.

Desperdicio y desperdicio otra vez

Hace 40 años, el profesor de Caltech Carver Mead identificó el corolario para la ley de Moore sobre el permanente crecimiento de la potencia de las computadoras. Cada 18 meses, Mead observó, que el precio de un transistor sería la mitad, de diez dólares en 1960 a aproximadamente 0,000001 centavos ahora por cada transistor del último microprocesador de Intel. Esto, Mead lo descubrió, significaba que empezaríamos a «desperdiciar» los transistores.

«Desperdicio» es una mala palabra, y fue especialmente verdadera en el mundo IT (innovación y tecnología) de los años 1970. Un generación completa de profesionales de la computación habían sido instruidos para que su trabajo reparta recursos costosos de la computadora de manera austera. En las instalaciones con paredes de vidrio de la era de los grandes centrales de cómputo, estos operadores de sistemas ejercieron su poder al escoger cuales programas deberían ser permitidos correr en las costosas máquinas de computación. Su papel era el de conservar transistores, y no solo decidían que era lo que valía la pena sino que también desafiaban a los programadores para hacer el uso más económico de su tiempo de computación. Como resultado, los primeros desarrolladores consagraron la mayor cantidad de código posible para correr sus principales algoritmos de manera eficiente y pensaron poco en el interfaz de usuario. Era la época de la línea de comando, y la única razón aceptable para alguien pudiera querer usar la computadora en su casa era para organizar sus archivos de facturas. De hecho, la primera computadora personal, una aparato de cocina estilizado ofrecida por Honeywell en 1969, vino con un espacio integrado de mostrador.

Y aquí estuvo Mead, diciendo a los programadores que acojan al desperdicio. Se rascaron sus cabezas –¿Cómo desperdicias la potencia de un computador? Le tocó a Alan Kay, un ingeniero que trabajaba en el Centro de Investigaciones de Xerox de Palo ALto, mostrarles. En lugar de conservar los transistores para las funciones básicas de procesamiento, desarrolló un concepto de computador – el Dynabook – que desplegaría frívolamente el Sílice para hacer cosas tontas: dibujar íconos, ventanas, apuntadores e inclusive animaciones en la pantalla ¿El propósito de todo este derroche? Facilitar el uso de los tipos regulares, incluyendo a los niños. El trabajo de Kay en el usuario de interfaz gráfico se convirtió en la inspiración de Xerox Alto, y luego de Apple Macintosh, lo que cambió al mundo al abrir la computación para el resto de nosotros. (Nosotros, en cambio, encontramos no pocas cosas para hacer con esto; con seguridad, la organización de las facturas no está en el tope de la lista.)

Por supuesto, las computadoras no eran gratis, y no los son ahora. Pero lo que Mead y Kay entendieron es que los transistores en ellas – las unidades atómicas de la computación – llegarían a ser tan numerosos que en una base individual, estarían cerca de costar nada y que podrían llegar a ser gratuitos. Esto significó que los escritores de software, liberados de la preocupación sobre el miedo de los recursos como memoria y ciclos de CPU, podrían llegar a ser más y más ambiciosos, enfocándose en funciones de niveles más altos como interfaces de usuario y nuevos mercados como el entretenimiento. Y eso significó software de más amplio atractivo, que redunda en más usuarios, quienes además encontraron más usos para las computadoras. Gracias al dispendioso lanzamiento de los transistores contra la pared, el mundo fue cambiado.

Lo que es interesante es que los transistores (o el almacenamiento, o el ancho de banda) no tienen que ser completamente gratis para apelar a este efecto. En un cierto punto, son lo suficientemente baratos para ser de manera segura ignorados. El filósofo griego Zeno luchó con este concepto en un contexto ligeramente diferente. En la paradoja de dicotomía de Zeno, usted corre hacia la pared. A medida que corre, disminuye a la mitad la distancia con la pared, luego la vuelve a reducir, y así sucesivamente. Pero si continúa subdividiendo el espacio para siempre ¿cómo puede llegar a la pared? (La respuesta es que no puede: Una vez que usted está a unos pocos nanómetros, las fuerzas atómicas de repulsión se han vuelto tan fuertes que le impedirán acercarse.)

En economía, lo paralelo es esto: si el costo unitario de la tecnología («por megabyte» o «por megabyte por segundo» o «por miles de operaciones de punto flotante por segundo») se reduce a la mitad cada 18 meses ¿cuándo está cerca de llegar a cero para decir que ha llegado y puede redondearlo en nada? La respuesta: casi siempre más pronto de lo que piensa.

Lo que Mead entendió es que un cambio sicológico podría virar como las cosas van a cero. Aún más, éstas nunca serán completamente gratis, a medida que el precio cae se presenta la gran ventaja de considerarlas como si fueran gratis. No demasiado baratas para contar, como Lewis Strauss, jefe de la Comisión de Energía Atómica, dice en un contexto diferente, pero demasiado barato para ser importante. Es más, la historia de la innovación tecnológica ha estado marcada por gente reconociendo esas tendencias de precio y desempeño y sacando provecho de ello.

Desde la perspectiva del consumidor, sin embargo, hay una gran diferencia entre barato y gratis. Regale un producto y puede ir como un virus. Cargue un centavo por ese mismo producto y usted ingresa a un negocio completamente diferente, de regateo por cada consumidor. La sicología de «gratis: está muy fortalecida, como le dirá cualquiera de mercadeo.

La diferencia entre barato y gratis es lo que el capitalista de riesgo Josh Kopelman llama «la brecha del penique.» La gente piensa que la demanda es elástica y que el volumen cae en línea recta a medida que se incrementa el precio, pero la verdad es que cero es un mercado y cualquier otros precio es otro mercado. En muchos casos, esa es la diferencia entre un gran mercado y ninguno.

La gran brecha sicológica entre «casi cero» y «cero» es el porque fallaron los micropagos. Es por eso que Google no aparece en su tarjeta de crédito. Es por eso que las modernas compañías de Internet no cargan algo a sus usuarios. Y es por eso que Yahoo regala espacio de disco duro. La cuestión de almacenamiento infinito no fue «si» sino «cuando.» Los ganadores realizaron su material gratuito primero.

Los tradicionalistas se estrujan las manos por la «vaporización del valor» y la «desmonetización» de todas las industrias. El éxito de las listas gratuitas de Craiglist, por ejemplo, ha herido a los avisos clasificados de negocios de los periódícos. Pero esa pérdida de ingresos para los periódicos no esta ciertamente terminando en las arcas de Craiglist. En el 2006, el sitio ganó un estimado de US$ 40 millones por las pocas cosas que carga. Esto es alrededor del 12% de los US$ 326 millones que disminuyeron los ingresos por avisos clasificados ese año.

Pero la gratuidad no es tan simple – o tan estúpida – como parece. Solo porque los productos sean gratis no significa que alguien, en algún lugar, no esté haciendo mucho dinero. Google es el primer ejemplo de esto. Los beneficios monetarios del portal Craiglist son enormes también, pero están disttribuidos entre las decenas de miles de usuarios que han sido canalizados directamente a Craig Newmark Inc. Para seguir al dinero, debe cambiar su visión básica del mercado como un acoplamiento de dos partes – compradores y vendedores – hacia un amplio sentido de un ecosistema con muchas partes, donde solamente algunos de los cuales intercambia efectivo.

Las más comunes de las economías construidas alrededor de la gratuidad es el sistema de tres partes. Aquí una tercera parte paga por participar en un mercado creado por intercambio gratuito de las primeras dos partes ¿Suena complicado? Probablemente usted ya lo esté experimentando en este momento. Es la base de virtualmente todos los medios.

En el modelo tradicional de los medios, un editor provee un producto gratuito (o casi gratis) a los consumidores, y los anunciantes pagan para estar con ellos. La radio es gratuita al igual que la televisión abierta. Asimismo, editores de periódicos y revistas no cargan a sus lectores nada cercano a lo que en realidad cuesta la creación, impresión y distribución de sus productos. Ellos no están vendiendo periódicos y revistas a los lectores, ellos están vendiendo lectores a los anunciantes. Es un mercado de tres vías.

En un sentido, lo que Internet representa es la extensión del modelo de negocios de medios a todo tipo de industrias. No es la simple noción de que los anuncios pagarán por todo. Hay docenas de formas en la que las compañías de medios hacen dinero alrededor del contenido gratuito, desde la venta de información acerca de los consumidores hasta el licenciamiento de la marca, suscripciones con «valor agregado» y comercio electrónico directo (vea una lista completa aquí). Ahora está creciendo un ecosistema completo de compañías de Internet alrededor de este tipo de modelos.

La taxonomía de la gratuidad

Entre las nuevas formas en que las compañías han encontrado para subsidiar productos y la caída de los costos en la manera de hacer negocios en la era digital, las oportunidades para adoptar un modelo de negocios de gratuidad de alguna clase nunca han sido tan grandes ¿Pero cuál? ¿Y cuántos hay? Probablemente cientos, pero la economía sin precio puede ser desglosada en seis amplias categorías :

«Freemium»
Que es gratis: software de Internet y servicios, algún contenido.
Gratis para quien: usuarios de la versión básica

Este término, acuñado por el capitalista de riesgo Fred Wilson, es la base del modelo de suscripción de los medios y es uno de las negocios de Internet más comunes. Puede tener un rango de formas: escalones variados de contenido, de gratis a costoso, o una versión «pro» premium de algún sitio o software con más características que la versión gratuita (piense en Flickr y en la suscripción anual de US$ 25 de Flickr Pro).

Otra vez, esto suena familiar ¿No es éste un simple modelo encontrado en cualquier parte, de un mostrador de perfumes o de una esquina de la calle? Si, pero con un viraje bonito y significativo. La tradicional muestra gratis es el caramelo o el pañal enviado a la madre. Como estas muestras tienen un costo real, el fabricante regala solo unas pequeñas cantidades – esperando atrapar consumidores y estimular una demanda por mucho más.

Pero para los productos digitales, esta relación de gratis a pagado se revierte. Un típico sitio en línea sigue la regla del 1% – uno por ciento de los usuarios soporta al resto. En el modelo freeemiun, eso significa que por cada usuario que paga por la versión premium del portal, otros 99 consiguen la versión gratuita. La razón por la que ésto trabaja es que el costo de servir a ese 99% es tan cercano a cero para llamarlo nada.

Publicidad
Que es gratis: contenido, servicios, software y más
Gratis para quien: para todos.

Los avisos transmitidos y los impresos han dado lugar a una ventisca de nuevos formatos de publicidad basados en Internet: letreros de páginas pagar-por-ver de Yahoo, avisos de texto pagar-por-click de Google, ‘avisos de afiliados’ pagar-por-transacción de Amazon y portales de patrocinio eran solo el inicio. Luego vino la siguiente ola: inclusión pagada en los resultados de las búsquedas, lista pagada en los servicios de información y generación de encabezado, donde una tercera parte paga por los nombres de la gente interesada en una cierta materia. Ahora las compañías están intentando de todo desde la ubicación del producto (PagarPorCorreo) a pagar-por-conexión en las redes sociales como Facebook. Todos estos acercamientos están basados en el principio de audiencias construidas por ofertas gratuitas con distintos intereses y necesidades expresadas que los anunciantes pagarán por alcanzar.

Subsidios cruzados
Que es gratis: cualquier producto que le seduzca para pagar por algo más
Gratis para quien: para todos con deseos de pagar eventualmente, de una forma u otra.

Cuando Wal-Mart carga US$ 15 por un nuevo hit en DVD, es un perdedor líder. La compañía está ofreciendo el DVD debajo del costo para atraerlo a la tienda, donde espera venderle una lavadora con una ganancia. El vino subsidia comida en un restaurante, y el «almuerzo gratis» original era una comida gratis para cualquiera que al menos ordene una cerveza en los salones en los finales de 1800. En cualquier paquete de productos y servicios, desde la banca hasta los planes de llamadas por celulares, el precio de cada componente individual es con frecuencia determinada por la sicología, no por el costo. Su compañía de teléfono celular puede no hacer dinero en sus minutos mensuales – mantiene esa tarifa baja debido a que es la primera cosa que usted ve cuando escoge una telefónica – pero la tarifa de correo de voz es pura ganancia.

En una concurrida esquina en Saõ Paulo, Brasil, los vendedores callejeros ofrecen el último CD de «tecnobrega», incluyendo uno de una banda popular llamada Banda Calypso. Como los CDs de la mayoría de vendedores callejeros, estos no vinieron de la casa disquera. Pero ninguno es ilícito. Vinieron directamente de la banda. Calypso distribuye los ‘masters’ de sus CDs y el arte del CD a las redes de vendedores callejeros en los pueblos en los que realizarán conciertos, con el total conocimiento de que los vendedores copiarán los CDs, los venderán y se quedarán con todo el dinero. Eso está bien, porque la venta de discos no es la principal fuente de ingresos de Calypso. La banda en realidad está en el negocio de las presentaciones – y el negocio va bien.

Viajando de pueblo en pueblo de esta manera, precedido de una ola CDs superbaratos, Calypso ha llenado sus conciertos y ha pagado por un jet privado. Los vendedores generan literalmente familiaridad urbana en cada pueblo que Calypso visita, y su omnipresencia en la música urbana significa que consiguen inmensas multitudes para sus conciertos. La música gratis es solo publicidad para de lejos el lucrativo negocio de los conciertos. Nadie piensa que esto es piratería.

Costo marginal cero
Que es gratis: cosas que puedan ser distribuidas sin un costo apreciable para alguien.
Gratis para quien: todos.

Nada describe tan bien a ésto como la música en línea. Entre la reproducción digital y la distribución ‘peer-to-peer’, el costo real de la distribución de música ha tocado fondo. Este es un caso donde el producto ha llegado a ser gratuito debido a la gravedad vertical de la economía, con o sin el modelo de negocio. Esa fuerza es tan poderosa que las leyes, viajes de culpa, DRM y otras barreras antipiratería han fallado. Algunos artistas regalan su música en línea como una manera de promocionar sus conciertos, mercaderías, licenciamiento y otros. Pero otros simplemente han aceptado que, para ellos, la música no es un negocio de hacer dinero. Es algo que lo hacen por otras razones , desde la diversión hasta la expresión creativa. Lo cual, por supuesto, ha sido verdadero para la mayoría de los músicos de cualquier manera.

Intercambio de labor
Que es gratis: portales de internet y servicios
Gratis para quien: todos los usuarios, ya que el acto de usar estos portales y servicios actualmente crea algo de valor.

Puede conseguir pornografía gratis si resuelve algunos ‘captchas’ (pruebas para detectar que es humano). Lo que en realidad está haciendo es entregando respuestas que los ‘spammers’ usarán para ingresar a otros portales – que es lo que es más valioso para ellos, que el ancho de banda que usted consumirá al mirar las imágenes. Asimismo para las historias con valoración en Digg, votando en Yahoo Answers o usando el servicio 411 de Google. En cada caso, el acto de usar el servicio crea algo de valor, ya sea mejorando el servicio por si mismo o creando información que pueda ser útil en algún otro lugar.

Economía del regalo
Que es gratis: para toda la enchilada, siendo software de código abierto o contenido generado por el usuario
Gratis para quien: todos

Desde Freecycle (mercadería gratuita para cualquiera que quiera llevársela) hasta Wikipedia, estamos descubriendo que el dinero no es el único motivador. El altruismo siempre ha existido, pero la Red da una plataforma donde las acciones de los individuos pueden tener un impacto global. De cierto modo, la distribución con costo cero se vuelto repartición en la industria. En la economía monetaria todo parece gratis – pero eso dice más sobre nuestras maneras de visión a corto plazo de la medición de precio que se hace acerca del valor de lo que fue creado.

LA ECONOMÍA DE ABUNDANCIA

Habilitada por el milagro de la abundancia, las economías digitales han cambiado y dado una vuelta completa a la economía tradicional. Lea sus libros de texto y probablemente encontrará la definición de economía como «la ciencia social de escoger de la escasez.» Toda la materia está construida en el estudio de los intercambios y de como son hechos. Milton Friedman mismo nos recuerda de tiempo en tiempo otra vez que «no existe tal cosa como almuerzo gratis.» Pero Friedman esta equivocado de dos formas. Primero, un almuerzo gratis no necesariamente significa que se regala comida o que pagará después – solo podría significar que alguien más está pidiendo la cuenta. Dos de las principales funciones de la economía tradicional – los costos marginales de fabricación y la distribución – apuran precipitadamente el acto de cerrar. Es como si el restaurante de repente no tuviera para pagar ni la comida ni los costos del trabajo para ese almuerzo ¿Seguro que la economía tiene algo que decir al respecto?

Lo tiene. La palabra es «externalities», un concepto que sostiene que el dinero no es lo único escaso en el mundo. Entre otros están su tiempo y el respeto, dos factores que siempre los habíamos conocido pero que solo ahora ha sido medido de forma apropiada. La «economía de atención» y la «economía de la reputación» son demasiado confusas para merecer un departamento académico, pero si hay algo real en el fondo de ambas. Gracias a Google, ahora tenemos a la mano una manera de convertir la reputación (PageRank) en atención (tráfico) y en dinero (avisos). Cualquier cosa que usted pueda convertir de manera consistente en dinero es una forma de dinero en si misma, y Google juega el papel de banco central para estas nuevas economías.

Hay, presumiblemente, un cantidad limitada de reputación y de atención en el mundo en cualquier época. Esas son las nuevas escaseces – y el mundo de gratuidad existe mayormente para adquirir estos activos valiosos por el bien del modelo de negocios a ser identificados más tarde. Los virajes gratuitos de la economía desde un enfoque en solo aquello que puede ser identificado en dólares y centavos hacia una contabilidad más realista de todas las cosas que verdaderamente tienen valor ahora.

LA GRATUIDAD CAMBIA TODO

Entre la economía digital y la acogida completa del experimento de Guillete en el cambio de precio, estamos entrando a una era en la cual lo gratis será visto como la norma, no como la excepción ¿Cuál es la gran cosa de esto? Bien, considere esta analogía: En 1954, en el amanecer de la energía nuclear, Lewis Strauss, director de la Comisión de Energía Atómica, prometió que entrábamos a una era en la que la electricidad sería «demasiado barata para ser medida.»

Es innecesario decir, que eso no ha pasado, mayormente debido a que los riesgos de la energía nuclear incrementaron ampliamente sus costos ¿Pero, y si estábamos en lo cierto? ¿Que tal si la electricidad fuera en realidad virtualmente gratuita? La respuesta es que todo lo tocado por la electricidad –es decir todo – habría sido transformado. En lugar de balancear electricidad en contra de otras fuentes de energía, usaríamos la electricidad para todas las cosa que pudiéramos – la desperdiciaríamos, de hecho, porque sería demasiado barata para preocuparnos.

Todos los edificios serían calentados eléctricamente, sin importar la tasa de conversión térmica. Todos estaríamos manejando carros eléctricos (la electricidad gratuita sería suficiente incentivo para desarrollar la tecnología eficiente de baterías para almacenarla), Plantas masivas de desalinización podrían convertir el agua de los mares en agua fresca que todos querrían, irrigando vastas tierras y transformando a los desiertos en tierras fértiles, mucho de ellas produciendo biocombustibles como una fuente más barata de energía que las baterías. En relación con los electrones gratuitos, los combustibles fósiles serían vistos como absurdamente caros y sucios, y así las emisiones de carbón caerían en picada. La frase «calentamiento global» nunca habría entrado al idioma.

Ahora son las tecnologías digitales, no la electricidad, las que son demasiado baratas para ser medidas. Tomó décadas para sacudirse la suposición de que las computadoras estaban racionadas para pocos y estamos solo ahora empezando a liberar el ancho de banda y el almacenamiento de la misma pobreza de imaginación. Pero una generación incrementada en la gratuidad de la Red está madurando y encontrará totalmente nuevas formas para acoger al desperdicio, transformando al mundo en el proceso. Porque lo que usted quiere es lo gratuito – y gratis, de manera creciente, es lo que va a conseguir.

Algunos enlaces sobre este tema:

About Fran-Sevilla

Soy Administrador de Fincas Colegiado en Sevilla desde 1986. Mientras estaba trabajando en el negocio familiar seguí estudiando y me licencié en Derecho por la Universidad de Sevilla. No obstante desde los 15 años, en que me regalaron un Sinclair ZX Spectrum, que todavía conservo, la informática y la tecnología me cautivaron. Actualmente sigo ejerciendo como Administrador de Fincas, pero estoy muy interesado en el uso de toda nueva herramienta tecnológica que pueda ayudarme a prestar un MEJOR SERVICIO a mis clientes y tener una VENTAJA productiva en el desarrollo de mi trabajo.

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